¿Te tiembla la mano a la hora de exigir resultados?

September 3, 2017

En esta ocasión quiero llamar la atención hacia un problema muy generalizado en las empresas: la tolerancia o flexibilización a la hora de exigir resultados.

Hay muchos gerentes, jefes o directivos que son incapaces de responsabilizar a su equipo de trabajo por las acciones y tareas para las cuales fueron contratados: les tiembla la mano a la hora de exigir resultados o fincar responsabilidades por incumplimiento.

Ya sea porque prefieren no lidiar con las personas incumplidas, porque se preocupan por su imagen de jefes buena onda o porque se tientan el corazón, van flexibilizando las exigencias y tolerando que su equipo no cumpla cabalmente con lo que le toca.

Esta actitud, aunque parezca humanitaria, no sólo no ayuda a la empresa, tampoco es buena para los trabajadores, pues esa laxitud poco a poco va generando un ánimo de conformismo que lleva a la mediocridad: las fechas límite se van retrasando, las metas no se van logrando, los estándares de calidad van disminuyendo, la atención al cliente se va descuidando. Sin un llamado de atención que marque el límite e impulse a mejorar, se entra en un estado de estancamiento que resulta muy difícil de remontar, se vuelve imposible crecer desde allí.

Ser un buen jefe no es ser tolerante y simpático: se trata de ser claro y razonable, de ser consistente y no dejar que el equipo decaiga en el cumplimiento de su responsabilidad.

 

Como directivo es importante entender que encabezar un equipo significa asignar tareas y asegurarse de que se cumplan en tiempo y forma; que el trabajo y responsabilidad de un jefe es exigir resultados, supervisar y marcar las deficiencias de su equipo, precisamente para que puedan corregirse.

Conseguir un equipo efectivo, con altos niveles de responsabilidad, donde cada quien asuma y cumpla con su parte, es labor y valor de un gran director.

Ahora bien, para poder exigir resultados debes saber y comunicar claramente lo que esperas de cada miembro de tu equipo. No sólo se trata de traspasar la responsabilidad, hay que dirigir y orientar para que ésta pueda ser asumida exitosamente.

Muy pocos directores desarrollan e implementan las herramientas y rutas necesarias para que

 

su gente pueda asumir claramente sus labores. Más que un asunto de voluntad, es cuestión de disciplina. Se trata de acciones específicas que ayudan a que todo el equipo tenga claro su papel y trabajo.

Si de manera regular estableces metas realistas, claras, medibles y binarias para que cada elemento de tu equipo sepa lo que debe hacer para lograr sus objetivos, y pueda medir y hasta autoevaluar su desempeño, no sólo estarás dirigiendo de manera efectiva, estarás fomentando una cultura laboral sana.  

Al asumir cabalmente tu responsabilidad de supervisión y orientación, establecerás un ejemplo y darás pie a que todos en la organización estén motivados y encaminados para cumplir sus propias tareas. Conseguirás un buen ambiente de trabajo en el que cada miembro del equipo entienda y valore los tiempos por cumplir, las metas por lograr, las acciones a emprender, las entregas puntuales… Eso es ser un buen jefe, y es la manera de lograr una empresa exitosa.

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